9 dic. 2017

Cuidado con el precipicio.

Estuve muchos años enganchada a una relación basura en la que di tanto de mí que me quedé sin nada.
Todo el mundo me decía que tenía que salir de ahí, que me estaba consumiendo, que no me merecía.
¿Y qué sabrán ellos?, pensaba yo. Porque claro, le quería. Y ojalá bastara con querer.

Fueron seis años de idas y venidas, de crecer sin él pero siempre acarreando sus consecuencias.
Seis años y no tuvo ni un día para valorarme. Seis años de mentiras, de humillaciones, de vivirle en paralelo, de no ser nunca parte de él. Seis años de echar a perder todos mis avances cada vez que volvía. 

Un día me di cuenta. ¿Y menos mal. no?
Un día me desperté sabiendo que jamás iba a cambiar. Que no había una sola parte de él que me valorara, que me estaba convirtiendo en alguien que no quería ser y que cuando se aburriera, a él le daría igual. Me desperté sabiendo que nunca había formado parte de su vida, y que jamás entendería todo lo que se esforzó en hacerme creer que me quería a su lado. Sus falsos "quiero vivir contigo", sus interminables "claro que me importas" que me martillaban la cabeza cada vez que me disponía a romper con aquello.

Y apesar de todo, seguí.
Seguí siendo insultada, menospreciada, seguí tragándome gritos que no venían a cuento, ser siempre el tercer plato para alguien que para mí era el menú completo. Seguí perdiéndome.

Y yo, ingenua, seguía pensando que si me dejaba y me volvía a hablar a los tres días, era porque la vida quería que estuviéramos juntos. Porque nuestro destino era ser felices juntos. ¿Qué ilusa, no?

Os resumiré la historia diciendo que estuvimos "juntos" cuatro meses, contando solo desde que "se dio cuenta de que me quería", y que yo me di cuenta de todo esto en el primero.
Aguanté como una valiente,
como una imbécil,
y al cabo de cuatro meses, tras cientos de conversaciones con amigos y mil más conmigo misma, simplemente me fui. Dejé de escribir, y él jamás se molestó en saber por qué.

Y vosotros, que lleváis leyendo más de tres años leyendo sobre la misma persona, no sabéis las ganas que tenía de regalaros un final feliz. Pero ha sido imposible.

Al menos, lo intenté.

Y la historia acaba aquí, aunque no sé si las letras.

Y es en momentos así en los que me pregunto si escribir es un regalo. Cuando me encuentro con una pantalla en blanco y mis manos me llevan siempre a la misma historia. Cuando me es imposible olvidar.

Y cuando el amor vuelva a mis letras, él me leerá preguntándose "¿seré yo?". Y posiblemente sí, pero con suerte ya no.

8 dic. 2017

Mil veces sí.

He decidido no escribirte más.
No volver a soñarte en letras,
no seguir haciéndote infinito.

Porque dicen que 
si un escritor se enamora de ti,
te hará inmortal.

Y yo ya tengo que haberte dado tres vidas.

He decidido no escribirte más,
a pesar de que tu jamás me leas,
y no tenga otra forma de pensarte.

No sé por cuánto tiempo,
pero has vuelto,
y solo quiero que te quedes
y quererte un rato más.

No sé cuántos abrazos
me quedan para darte,
o cuantas noches juntos.

Cuantas veces podré besar
la distancia de tu cuerpo.
Cuantas mañanas tendré,
para seguir contándote en lunares.

No sé por cuanto tiempo,
pero has vuelto.

Y solo puedo esperar,
que cuando me reencuentre
con este último nosotros en letras,
con este miedo a hacerte pasado;
tú me quieras,
hayamos hecho futuro,
y sigamos disfrutando de las vistas
de este nuestro precipicio.

Y pueda decir,
que sí
y mil veces sí,
a volver a caer de él si es contigo.

No sé por cuánto tiempo 
pero has vuelto,
y yo he decidido
dejar de escribirte.

Y es que ya no sé 
cómo hacer letras
todo este caos,
todas las ganas,
todos los síes.

Y hasta entonces,
vuelvo a estar preparada
por si te vas.

Porque sé,
que jamás
tendrás coraje
para admitirlo.

Que preferiste un presente seguro,
a un futuro feliz.
Que era mentira eso
de que no volverían a hacerte sentir.




27 nov. 2017

Diciembre contigo.

Llevas tanto tiempo estando sin estar del todo en mi vida, que ahora que ha llegado el momento no soy capaz de creerlo. 
Son tantos años sabiéndote imposible, que ahora solo tengo miedo de que vuelvas a marcharte y me dejes aquí con otra realidad a medias.

Pero dices que es verdad y me apetece luchar. Por ti, por mí, por una vida a tu lado. 
Y que venga lo que tenga que venir, que yo mandaré mi escudo bien lejos, para poder seguir teniéndote cerca un ratito más.

Llega diciembre y sigues aquí. Y es que es imposible no creer en el destino. En ese que me decías que no existía y que era las decisiones que tomábamos. 
Yo te elijo a ti. Ahora y mil veces siempre.

Llega diciembre y no encuentro mejor abrigo que tus brazos y ese huequito en tu cuello en el que me acurruco cuando te quiero y no sé cómo decírtelo, que parece hecho a medida para mí.

Y es que no hay cierzo que valga mientras sigas mirándome así. Llevame a la casa más fría que quieras, que para mí siempre será julio si eres tú el que me abriga.

Nos hemos chocado con tantas rocas en todos esos veranos juntos, que nuestro barco estaba a punto de hundirse. Pero llegó septiembre. Llegamos juntos.

Sigue viviéndome.
Sigue escribiendo esta historia conmigo.
Y tráeme de vuelta todos esos inviernos que nos dejamos por el camino.

Porque es diciembre,
sigues aquí,
y estoy preparada para salir a la tempestad
si al final del camino me estás esperando tú.

4 oct. 2017

Por qué te quiero en 65 palabras.

Te quiero porque eres casa. Porque tienes la magia necesaria como para hacerme sentir bien, aun estando a kilómetros. Porque contigo todo es paz. Aunque hayamos pasado la mitad de la historia en guerra.
Te quiero por la historia. Porque me has visto crecer, querer, quererte. Porque contigo aprendí que hay mundo más allá del primero, y que el que menos te esperas, puede ser.
Te quiero porque odias que piense en el futuro. En nuestro futuro.
Porque no te dejas querer y por eso yo te quiero por los dos.
Te quiero porque sé que lo sabes, todo, aunque no me lo digas.
Te quiero porque a pesar de todo, que no es poco, y estando en la otra punta del mundo, si pienso en con quien me gustaría despertarme mañana, la respuesta eres tú.
Te quiero a mi manera. Te quiero a mi lado, libre. Quiero que creas, que confies, que te dejes querer. Quiero que nunca dejes de enseñarme, quiero que no paremos de crecer y aprender juntos. Y te quiero porque llevamos muchos años haciéndolo.
Y te quiero también, porque sé que 65 palabras jamás serán suficientes, si las que ya llevo siguen quedándose cortas.
No lloro por no poder verte,
ni por que no saliera bien
ninguna de las mil y una veces
que apareciste en mi vida.
No lloro por haber sufrido,
o por haberlo intentado demasiado sin final feliz.
No lloro por seguir creyendo en nosotros
"a pesar de todo".
Y es que a pesar de todo, hay tiempo.
Y nunca será tarde si hay ganas.
Nunca será tarde si tú
y yo
seguimos creyendo en esto.
No lloro por haber dejado de sentir,
porque ahora solo hay paz.
No lloro por olvidarte,
porque me ha hecho abrir los ojos.
No lloro por seguir sin ti.
Porque mi vida, es vida sin ti.
Y es maravilloso darse cuenta de ello.
Pero seguimos siendo dos,
separados,
pero dos.
Seguimos haciendo historia.
Y así será mientras nosotros queramos que sea.
Y nada es imposible. Lo sabes.
Solo hacen falta ganas.
Querer de verdad. En todos los sentidos.
Porque amor no es absorber la vida del otro,
amor es compartir y complementarse,
para ser capaces de crear una nueva vida juntos,
sin que desaparezcan las nuestras propias.
Y yo siempre seré valiente cuanto tú te quieras rendir,
y seguiré creyendo cuando lo veas imposible.
Siempre tendré tiempo, para aprender a esperar(te), cuando a ti se te pare el reloj.
Y si volvieras a preguntarme lo mismo mañana,
que si eres el amor de mi vida,
te contestaría exactamente lo mismo:
Sí, mientras quieras.
Sí, si luchamos.
Sí.
Siempre sí.
Pero esa no es la pregunta.
La pregunta es: ¿estás dispuesto a intentarlo?
Yo escribo para superar, para hacer recuento y revivir. Escribo para aclararme las ideas, aunque muchas veces mis letras hagan el efecto contrario. Escribo para desahogarme, para recordarte, para volver a vivirnos en la distancia. Escribo cuando estoy triste, para recordar cuando fui feliz.
Escribir forma parte de mí.
No puedes concebir una idea de mí, sin llevar a las letras de la mano. No puedes. Es imposible.
Y lo echo de menos. Echo de menos las montañas rusas, los extremos y colores. Echo de menos coger el móvil a las cuatro de la mañana desvelada, y acabar escribiendo en notas que nunca saldrán a la luz, todo lo que he aprendido hasta entonces. Todo lo que siento, que no es poco. Y todo lo que quiero que me quede por vivir.
Escribir es vida. Y leer, vivir dos veces.
Un día tiene un total de 86400 segundos. Y se lleva diciendo mucho tiempo que un solo segundo puede cambiarlo todo, o sea que a lo largo del día tienes 86400 oportunidades de hacerte feliz. 
Y por hacerte feliz me refiero a lanzarte. A quedar con ese amigo al que no ves desde hace semanas solo por pereza, a un beso, a un mensaje, a un te quiero...
Mi día tiene 86400 segundos, pero el tuyo también. Así que solo puedo decir que la vida es cuestión de prioridades. Y que nunca me valdrá un no tengo tiempo como excusa, pero sí como razón para perder la oportunidad de tu vida. 
Actúa.

Destino.

Creo que somos tan distintos que nos complementamos a la perfección. 
Y es que creo que la distancia a la paz más infinita, es la misma que recorro al ponerme de puntillas al besarte.
Y que se quiten los azules del mar, teniendo el verde de tus ojos.
Creo que seis años no son suficientes. Y que tenemos que seguir escribiendo esta historia.
Porque todo el tiempo que pasamos separados, merece la pena solo por volver a verte sonreír cuando me acerco a ti.
Pienso en todas las veces que apesar de los 'adiós', volvimos. En los besos que me dabas meses después en el mismo sitio en el que antes hubo lágrimas.
En como tus manos me hacían olvidar las partes duras de la historia.
En como tu cama se hizo casa y tus brazos refugio.
En como mi corazón me decía que siguiera intentándolo. Que si llevabas tanto en mi vida tenía que ser por algo.
Y lo intentamos. Finalmente lo intentamos.
Seis años después, más adultos, más jodidos, más distintos pero con las mismas ganas infinitas de vivirnos.

29 jun. 2017

Las tres primeras.

No sé cuántas veces van ya desde que nos conocimos. Cuántos besos, cuántas peleas, cuántas medias citas y cuántos ojalás. Pero sí sé todo lo que te quise decir y te dije, y todo a lo que nunca me atreví. Así que aquí está: mi carta de despedida. La real.
Y no importa en que momento leas esto.

¿Sabes? Hay una leyenda japonesa, que dice que dos personas que están destinadas a estar juntas, estarán unidas toda la vida por un hilo rojo atado al dedo meñique de ambos. No importa el tiempo que paséis sin veros, no importa si le conoces o no le has visto todavía... el hilo rojo jamás se romperá.

Es una leyenda que me parece genial, sobretodo porque como ya sabes, yo creo muchísimo en el destino.

Me han pasado cosas, y personas, que de vez en cuando han intentado tirar por la borda toda mi fe en él. Pero realmente creo que el destino es la base de la vida.
Estás destinado a ser algo. Depende de ti trabajar o no para serlo. La vida, irá poniendo metas, obstáculos y personas a lo largo de tu camino, pero solo tú eres responsable de elegir las correctas y de rendirte o no, cuando algo no vaya como te gustaría.

Yo creo, que nosotros estábamos destinados a ser. Y hablo en pasado, no porque me haya rendido, sino porque si tiene que ser será. Aunque no ahora.

Y no nos obligo, créeme. Estábamos destinados a ser, pero quizás no del todo.
A lo mejor esto era a todo a lo que podíamos aspirar... ¿Una pena, no?

En fin, sea o no lo máximo, quiero decirte varias cosas:

Jamás me arrepentiré de nada de lo que he hecho. Haya sido malo o no. Porque he aprendido muchísimo estando contigo todos estos años, tanto de la vida como de mí misma.
Además, has sido una de las personas con las que más he vivido. He sentido todo mil veces más: tus manos, un viaje en coche, unas vistas desde lo alto, un paseo por el parque, las primeras veces... He exprimido todo al máximo, y tengo cada segundo guardado muy adentro.

Quiero darte las gracias por haber aparecido en mi vida aquel agosto de hace ya seis años. Quiero que sepas que siempre que pienso en ti, solo me sale sonreír.No te guardo rencor por nada. Que te he querido querer con todas las ganas del mundo, que he visto en ti cosas que no sabía ni que existían, que echaré mucho de menos contarte los lunares por la mañana y seguir su recorrido con mis dedos, que nunca pararé de quererte más, en todos los sentidos. Que para mi no somos solo un sueño, para mí somos posibles.

Y por último, quiero decirte que apesar de que seguiré con mi vida y no sé qué va a ser de mí en un mes (ni mañana), siempre habrá un rinconcito dentro de mí que seguirá esperándote y tendrá la esperanza de verte y besarte aunque sea una vez más.

Para mí esta historia no ha hecho más que empezar.

Que seas feliz,
hasta que volvamos a encontrarnos.

25 jun. 2017

No me toques, no me sueltes.

Ay, el amor...
Está demasiado cerca de la indiferencia. Más de lo que pensamos.
Pero ¿qué pasa cuando quieres sentir indiferencia, cuándo la otra persona se merece indiferencia, y tu corazón no es capaz de hacerte caso porque sigue pensando en todos esos 'y si...' y ojalás?
Es algo así como soltarse de su mano cuando intenta dártela después de una discusión, aunque quieras estar tan junto a él que ni las pieles se diferencien.
Como cuando te pide un beso y te vas sin dárselo, aunque en realidad, te gustaría besarle el resto de tus días.
¿Cómo luchas contra eso? ¿Contra el odio que debes sentir vs todos los 'te echo de menos' que te salen del corazón cuando menos te lo esperas? ¿Qué pasa con todo el daño que os habéis hecho? ¿Merece la pena ahora meteros en la cama, como si fuérais dos desconocidos? ¿A pesar de vuestra historia, de lo que sientes y de que sabes que al final, acabará doliendo aunque veas eso como la mejor de las barreras? ¿Cómo luchas contra las ganas de quererle? ¿Merece la pena la autotortura de estar a diez centímetros de él pero sentirse a kilómetros, solo por volver a verle una vez más?
Yo creo que no.
Y pienso además, que ya lo sabes de sobra.
Así que párate un momento a pensar en lo que estás haciendo, valora la situación y sobretodo, valórate a ti misma.
Ahí tendrás la respuesta.