4 oct. 2017

Por qué te quiero en 65 palabras.

Te quiero porque eres casa. Porque tienes la magia necesaria como para hacerme sentir bien, aun estando a kilómetros. Porque contigo todo es paz. Aunque hayamos pasado la mitad de la historia en guerra.
Te quiero por la historia. Porque me has visto crecer, querer, quererte. Porque contigo aprendí que hay mundo más allá del primero, y que el que menos te esperas, puede ser.
Te quiero porque odias que piense en el futuro. En nuestro futuro.
Porque no te dejas querer y por eso yo te quiero por los dos.
Te quiero porque sé que lo sabes, todo, aunque no me lo digas.
Te quiero porque a pesar de todo, que no es poco, y estando en la otra punta del mundo, si pienso en con quien me gustaría despertarme mañana, la respuesta eres tú.
Te quiero a mi manera. Te quiero a mi lado, libre. Quiero que creas, que confies, que te dejes querer. Quiero que nunca dejes de enseñarme, quiero que no paremos de crecer y aprender juntos. Y te quiero porque llevamos muchos años haciéndolo.
Y te quiero también, porque sé que 65 palabras jamás serán suficientes, si las que ya llevo siguen quedándose cortas.
No lloro por no poder verte,
ni por que no saliera bien
ninguna de las mil y una veces
que apareciste en mi vida.
No lloro por haber sufrido,
o por haberlo intentado demasiado sin final feliz.
No lloro por seguir creyendo en nosotros
"a pesar de todo".
Y es que a pesar de todo, hay tiempo.
Y nunca será tarde si hay ganas.
Nunca será tarde si tú
y yo
seguimos creyendo en esto.
No lloro por haber dejado de sentir,
porque ahora solo hay paz.
No lloro por olvidarte,
porque me ha hecho abrir los ojos.
No lloro por seguir sin ti.
Porque mi vida, es vida sin ti.
Y es maravilloso darse cuenta de ello.
Pero seguimos siendo dos,
separados,
pero dos.
Seguimos haciendo historia.
Y así será mientras nosotros queramos que sea.
Y nada es imposible. Lo sabes.
Solo hacen falta ganas.
Querer de verdad. En todos los sentidos.
Porque amor no es absorber la vida del otro,
amor es compartir y complementarse,
para ser capaces de crear una nueva vida juntos,
sin que desaparezcan las nuestras propias.
Y yo siempre seré valiente cuanto tú te quieras rendir,
y seguiré creyendo cuando lo veas imposible.
Siempre tendré tiempo, para aprender a esperar(te), cuando a ti se te pare el reloj.
Y si volvieras a preguntarme lo mismo mañana,
que si eres el amor de mi vida,
te contestaría exactamente lo mismo:
Sí, mientras quieras.
Sí, si luchamos.
Sí.
Siempre sí.
Pero esa no es la pregunta.
La pregunta es: ¿estás dispuesto a intentarlo?
Yo escribo para superar, para hacer recuento y revivir. Escribo para aclararme las ideas, aunque muchas veces mis letras hagan el efecto contrario. Escribo para desahogarme, para recordarte, para volver a vivirnos en la distancia. Escribo cuando estoy triste, para recordar cuando fui feliz.
Escribir forma parte de mí.
No puedes concebir una idea de mí, sin llevar a las letras de la mano. No puedes. Es imposible.
Y lo echo de menos. Echo de menos las montañas rusas, los extremos y colores. Echo de menos coger el móvil a las cuatro de la mañana desvelada, y acabar escribiendo en notas que nunca saldrán a la luz, todo lo que he aprendido hasta entonces. Todo lo que siento, que no es poco. Y todo lo que quiero que me quede por vivir.
Escribir es vida. Y leer, vivir dos veces.
Un día tiene un total de 86400 segundos. Y se lleva diciendo mucho tiempo que un solo segundo puede cambiarlo todo, o sea que a lo largo del día tienes 86400 oportunidades de hacerte feliz. 
Y por hacerte feliz me refiero a lanzarte. A quedar con ese amigo al que no ves desde hace semanas solo por pereza, a un beso, a un mensaje, a un te quiero...
Mi día tiene 86400 segundos, pero el tuyo también. Así que solo puedo decir que la vida es cuestión de prioridades. Y que nunca me valdrá un no tengo tiempo como excusa, pero sí como razón para perder la oportunidad de tu vida. 
Actúa.

Destino.

Creo que somos tan distintos que nos complementamos a la perfección. 
Y es que creo que la distancia a la paz más infinita, es la misma que recorro al ponerme de puntillas al besarte.
Y que se quiten los azules del mar, teniendo el verde de tus ojos.
Creo que seis años no son suficientes. Y que tenemos que seguir escribiendo esta historia.
Porque todo el tiempo que pasamos separados, merece la pena solo por volver a verte sonreír cuando me acerco a ti.
Pienso en todas las veces que apesar de los 'adiós', volvimos. En los besos que me dabas meses después en el mismo sitio en el que antes hubo lágrimas.
En como tus manos me hacían olvidar las partes duras de la historia.
En como tu cama se hizo casa y tus brazos refugio.
En como mi corazón me decía que siguiera intentándolo. Que si llevabas tanto en mi vida tenía que ser por algo.
Y lo intentamos. Finalmente lo intentamos.
Seis años después, más adultos, más jodidos, más distintos pero con las mismas ganas infinitas de vivirnos.

29 jun. 2017

Las tres primeras.

No sé cuántas veces van ya desde que nos conocimos. Cuántos besos, cuántas peleas, cuántas medias citas y cuántos ojalás. Pero sí sé todo lo que te quise decir y te dije, y todo a lo que nunca me atreví. Así que aquí está: mi carta de despedida. La real.
Y no importa en que momento leas esto.

¿Sabes? Hay una leyenda japonesa, que dice que dos personas que están destinadas a estar juntas, estarán unidas toda la vida por un hilo rojo atado al dedo meñique de ambos. No importa el tiempo que paséis sin veros, no importa si le conoces o no le has visto todavía... el hilo rojo jamás se romperá.

Es una leyenda que me parece genial, sobretodo porque como ya sabes, yo creo muchísimo en el destino.

Me han pasado cosas, y personas, que de vez en cuando han intentado tirar por la borda toda mi fe en él. Pero realmente creo que el destino es la base de la vida.
Estás destinado a ser algo. Depende de ti trabajar o no para serlo. La vida, irá poniendo metas, obstáculos y personas a lo largo de tu camino, pero solo tú eres responsable de elegir las correctas y de rendirte o no, cuando algo no vaya como te gustaría.

Yo creo, que nosotros estábamos destinados a ser. Y hablo en pasado, no porque me haya rendido, sino porque si tiene que ser será. Aunque no ahora.

Y no nos obligo, créeme. Estábamos destinados a ser, pero quizás no del todo.
A lo mejor esto era a todo a lo que podíamos aspirar... ¿Una pena, no?

En fin, sea o no lo máximo, quiero decirte varias cosas:

Jamás me arrepentiré de nada de lo que he hecho. Haya sido malo o no. Porque he aprendido muchísimo estando contigo todos estos años, tanto de la vida como de mí misma.
Además, has sido una de las personas con las que más he vivido. He sentido todo mil veces más: tus manos, un viaje en coche, unas vistas desde lo alto, un paseo por el parque, las primeras veces... He exprimido todo al máximo, y tengo cada segundo guardado muy adentro.

Quiero darte las gracias por haber aparecido en mi vida aquel agosto de hace ya seis años. Quiero que sepas que siempre que pienso en ti, solo me sale sonreír.No te guardo rencor por nada. Que te he querido querer con todas las ganas del mundo, que he visto en ti cosas que no sabía ni que existían, que echaré mucho de menos contarte los lunares por la mañana y seguir su recorrido con mis dedos, que nunca pararé de quererte más, en todos los sentidos. Que para mi no somos solo un sueño, para mí somos posibles.

Y por último, quiero decirte que apesar de que seguiré con mi vida y no sé qué va a ser de mí en un mes (ni mañana), siempre habrá un rinconcito dentro de mí que seguirá esperándote y tendrá la esperanza de verte y besarte aunque sea una vez más.

Para mí esta historia no ha hecho más que empezar.

Que seas feliz,
hasta que volvamos a encontrarnos.

25 jun. 2017

No me toques, no me sueltes.

Ay, el amor...
Está demasiado cerca de la indiferencia. Más de lo que pensamos.
Pero ¿qué pasa cuando quieres sentir indiferencia, cuándo la otra persona se merece indiferencia, y tu corazón no es capaz de hacerte caso porque sigue pensando en todos esos 'y si...' y ojalás?
Es algo así como soltarse de su mano cuando intenta dártela después de una discusión, aunque quieras estar tan junto a él que ni las pieles se diferencien.
Como cuando te pide un beso y te vas sin dárselo, aunque en realidad, te gustaría besarle el resto de tus días.
¿Cómo luchas contra eso? ¿Contra el odio que debes sentir vs todos los 'te echo de menos' que te salen del corazón cuando menos te lo esperas? ¿Qué pasa con todo el daño que os habéis hecho? ¿Merece la pena ahora meteros en la cama, como si fuérais dos desconocidos? ¿A pesar de vuestra historia, de lo que sientes y de que sabes que al final, acabará doliendo aunque veas eso como la mejor de las barreras? ¿Cómo luchas contra las ganas de quererle? ¿Merece la pena la autotortura de estar a diez centímetros de él pero sentirse a kilómetros, solo por volver a verle una vez más?
Yo creo que no.
Y pienso además, que ya lo sabes de sobra.
Así que párate un momento a pensar en lo que estás haciendo, valora la situación y sobretodo, valórate a ti misma.
Ahí tendrás la respuesta.

14 jun. 2017

Un segundo, otra vida.

Tu vida depende del tiempo.
Todo puede cambiar en un solo segundo.

Una mala decisión, aunque no sea con mala intención,
una palabra en el momento inoportuno,
una mirada que te condene,
o la confianza de creer que tienes toda la vida por delante.

Hace tres meses, vivía sin preocupaciones. Esperando.
Y a eso yo le llamaba felicidad.

¿Pero qué es realmente la felicidad?

¿Quizá, que venga una persona, te revuelva la vida y te haga vivir de verdad,
a pesar de saber que puede marcharse y llevarse consigo todo lo que creías ser antes de él?
¿O que te obligen a cambiar de vida de un día para otro,
y tengas que ver lo que es vivir y buscarse la vida, de cero, deprisa y por ti mismo?
¿O se es feliz cuando se vive tan poco que no tienes que preocuparte por nada más
que por seguir viviendo, esperando a que algo más pase?

No sé.
Ahora mismo tengo un cúmulo de sentimientos que no sabría describir.

Nueva vida, sin una zona de confort a la que volver, sin una persona que creía importante pero que he visto que realmente solo era alguien tóxico al que le apetecía jugar, con pocos amigos que viven lejos pero que valen por veinte que vivan cerca, con una familia que a pesar de que no comparta con ellos ni la mitad de cosas que me hacen ser quien soy, me quiere y sé que me apoya a pesar de todo, y con un viaje dentro de treinta y tres días que estoy segura de que me cambiará la vida.

¿Debo sentirme triste por lo que he perdido, feliz por todo lo que he ganado con la pérdida, ansiosa por el futuro que me espera o tranquila por conformarme con lo que hay?

No lo sé, chicos.
Pero una cosa os digo: la vida, es maravillosa.
Cada día tienes cientos de miles de oportunidades de empezar de cero. De crear tu propia vida y descubrirte a ti mismo.

Aprovechadlas.

¿El adiós definitivo?

De momento, este será el último texto que te escriba.
Y es que me voy, por fin, a la otra punta del mundo. A cumplir sueños, lograr metas y a descubrir lo que la vida tiene preparado para mí.

Hace cuatro meses, vivía tranquila y expectante, esperando que llegara la fecha. Pero no, decidiste volver a mi vida y ponerla del revés de nuevo. Y aquí estoy, despidiéndome otra vez de una de las mejores y más frustrantes historias que he vivido nunca.


La verdad es que me da miedo, porque siempre que nos hemos separado ha sido con enfados de por medio, y ahora no es así. Ahora es la vida lo que se entromete entre nosotros. Y me asusta pensar, que quizás sea esta la última vez que te vea, que te bese, que hagamos el amor o que andemos de la mano por las calles de Madrid.


Sí, volveré. Pero como ya me dijiste un día, la vida da muchas vueltas y no tengo ni idea de cómo seré, lo que pensaré o querré cuando vuelva de Estados Unidos. 

Así que voy a aprovechar, ahora ya que no queda más tiempo, a darte las gracias otra vez por nuestra historia. Llena de primeras veces, de risas, de lloros y de ganas. De cosas buenas y malas, pero siempre contigo.
Eres mi historia más especial, y por eso jamás podré olvidarla.

Pensando, he llegado a la conclusión, de que siempre he querido más contigo. Una "relación real". Y mientras tanto, no me he dado cuenta de que ya la estábamos teniendo.

La nuestra.
Que no tendría mucho de relación típica, pero oye, era nuestra historia. Y sobretodo, era real.

Yo creo que aquí acaba el nudo de la historia, ¿no?


Ya están todas las cartas puestas sobre la mesa y ya somos mayorcitos como para saber tomar o no la decisión correcta. Como para saber que arriesgarse siempre merece la pena.


Ahora solo falta el desenlace.


Espero que te vaya bien.

Te echaré de menos.

Otro año más.

Hace justo un año, te estaba escribiendo sobre el poco tiempo que nos quedaba
y todos los miedos que nos impedían sentir.
Yo, ingenua como siempre, no sabía que solo era falta de interés.

Hace justo un año, no sabía que quedaba un mes para que viviéramos uno de nuestros peores días. Ni para volver a perderte.

Pero hace un año, tampoco imaginaba que aún seguirías aquí. Hoy, diecisiete de junio de dos mil diecisiete, después de seis años.

No me gustan los textos típicos de feliz cumpleaños, así que seguiré escribiéndote así todos los años que pueda.

La verdad, es que si leyéramos ahora el texto del año pasado, no se notaría diferencia, porque estamos exáctamente en el mismo sitio: poco tiempo juntos, muchos sentimientos no correspondidos y una marcha inminente al otro lado del mundo.
Me hace gracia, ¿sabes?
Ver que por mucho que vivamos, no avanzamos. Somos como la pescadilla que se muerde la cola.
Y realmente no sé cuándo terminará esto, si es que algún día lo hace del todo, pero pase el tiempo que pase, nunca me arrepentiré de nada de lo que hemos pasado juntos, porque todo eso nos ha traído hasta aquí.

¿Qué historia, eh?
No sé si alguna vez te habrás parado a hablar de nosotros con alguien, pero es que nadie más que tú y yo entiende lo que pasa. Ni siquiera nosotros lo hacemos del todo.
Y eso me encanta, porque lo hace más especial. Lo convierte en locura. En autotortura, si me pongo a exagerar. Pero es que la vida es demasiado corta como para no dejar que me la desordenes de vez en cuando.

Espero que algún día, pueda felicitarte en persona. Eso significará que salió bien.
Hasta entonces, feliz cumpleaños.

Sigue regalándole al mundo tus vistas todo el tiempo que puedas.