19 feb. 2018

Ya no duele cuando muero,
y es que cada vez que me rompías un poco más el corazón,
yo dejaba de sentir y todo esto se convertía en un circo.
Hace mucho tiempo que los dos dejamos de sentir. Que mis domingos dejaron de hacerte sitio y esto se había convertido en una guerra de poder.
La idea de un futuro juntos me acompañó hasta el último momento. Mientras se descubría toda la verdad. Aún entonces esa cosita dentro de mí me gritaba quererte.
Pero ya no te mereces ni la pena que me das.
Y bueno, la vida sigue, ¿sabes?
Y hace mucho tiempo que empecé a hacerla sin ti. Así que gracias Dios por hacerme atea de ti. Porque nunca nada hará que vuelva a creerte. Porque nunca ha habido persona más despreciable que tú. Y no sabes las ganas que tengo de que pasen todos los años que te di, y de que cuando vuelvas como siempre lo hacías, veas que ni la mejor de las llaves podrá volver a dejarte pasar.
Ya no eres bienvenido por aquí.
Espero que la vida te llene todo ese vacío que tienes por dentro y que dejes de vivir rodeado de mentiras.
¿No te das cuenta de que nadie te conoce? Mientes hasta a tu propia familia.
Pero bueno, era cuestión de tiempo que alguien viera realmente la clase de persona que eres. Hoy he sido yo, pero créeme... tic, tac.
Es solo cuestión de tiempo.

10 feb. 2018

Antisitema.

Siempre he ido en contra de lo impuesto, pero ¿qué pasa con la vida?
¿Qué hacemos con el destino, el karma, y con todas esas personas que la vida nos trae y nos quita a su antojo?¿Qué hacemos con el amor?
Hay cosas contra las que no podemos luchar.
La vida es un juego de azar: a veces tienes todo lo que siempre quisiste y otras, lo pierdes todo en un segundo. 
La vida se hace eterna cuando alguien a quien quieres se va.
“¿Qué voy a hacer ahora?” ”¿Cuánto voy a tardar en olvidarle?” ”¿A caso seré capaz?”
Te parecen demasiados todos los años que te quedan por delante si tienen que ser sin él. Pero otras veces, cuando tienes a la persona correcta a tu lado, cuando pasa eso de ser feliz, solo quieres seguir sumando días porque nunca tendrías suficientes. Y todo valdría por verle una vez más.
¿Qué hacer entonces cuando algo duele?¿Cuando después de un daño infinito, aún hay algo que te dice que sigas intentándolo?¿Qué hacer cuando llevas toda la vida pensando que la persona que más daño te ha hecho, es el amor de tu vida?
¿Vale la pena luchar contracorriente o debemos sentir el dolor?
Y creo que esas serían las grandes cuestiones de mi vida. Que se quite el Big Bang ante un corazón roto. Eso sí que es una explosión sin remedio.
No hay mayor misterio que la vida. No hay mayor misterio que el amor.
Hoy sí que me gustaría saber qué va a pasar. Y si hay que sacar a bailar estas ganas de luchar o si por una vez, valdrá de algo olvidar.

21 ene. 2018

No había podido dormir en toda la noche.
Lo de el día anterior había sido... Dios, no tenía palabras para describirlo.

¿Cómo tenía que sobrellevar, que la persona por la que llevaba tanto tiempo enamorada, me hubiera gritado en medio de la calle?¿Qué tenía que hacer con todo aquello de decirle que no y que acabara por forzarme?

Aún me dan escalofríos al pensar en sus manos agarrándome el cuello bruscamente tras negarme a darle un beso.
Esas manos que tan bien me conocían hoy se me hacían repugnantes.
A penas he dormido un par de horas, porque no sabía si era peor que no se me fuera de la cabeza aquello, o que soñara con ello cada vez que cerraba los ojos.

No sé qué hacer con todo esto que llevo por dentro...
No sé cuánto rato más voy a poder aguantar el repetir esas imágenes en mi cabeza.

Cómo la persona por la que llevaba tanto tiempo luchando me había dicho que me echaba de menos tras una discusión. Cómo me había llevado a su casa para tumbarnos juntos y hablar, porque cuando estábamos juntos sentíamos que podíamos con todo.
Cómo yo le dije que teníamos que poner las cartas sobre la mesa, que esta vez no podíamos dejarlo pasar.
Cómo me empezó a forzar para besarle... y sus “odio que te resistas”, “sé que quieres” y ese asqueroso “¿te voy a tener que violar?” que dijo entre risas pero que a mí me rompió por dentro.
Cómo me intenté levantar y el me tumbó poniéndose encima. Como empezó a tocarme aun yo resistiéndome a su tacto. Y cómo todo se volvió negro después.

Podía sentir cómo se me rompía el corazón. Pedazo a pedazo.

Me vesti en cuanto pude y salí corriendo de allí.
Al poco rato me escribió feliz. Pensando que habíamos arreglado las cosas.

Y yo no pude sentir más miedo.

¿De verdad no se había dado cuenta de lo que había hecho?
¿Qué más me esperaba entonces?

Tenía que salir de ahí. Cuanto antes.

31 dic. 2017

Adiós.

Me gustaría odiarte por las faltas de respeto, por engañarme y utilizarme. Por haber dado tanto de mí que acabé sin nada. Me gustaría poder borrarte de mi vida y hacer como que jamás exististe. Poder recuperar estos seis años de mi vida.
Pero ¿sabes qué? No puedo.
Me quedo con lo bueno. Me quedo con nosotros y no con el miedo.
Me quedo con haber podido vivir la historia más bonita e intensa que viviré nunca. Con saber que has sido el amor de mi vida. Con que lo intentamos hasta el final.
Me quedo con trasnochar contigo, las conversaciones sin sentido, aprendernos, contarte los lunares cada vez que me despertaba a tu lado, con crecer juntos, y apoyarnos en lo bueno y en lo malo.
Me quedo con que te quise como jamás he querido a nadie y con que lo intentamos. Con que creímos en nosotros y por un momento, lo hicimos posible.
Por eso te perdono, porque quiero poder contar esta historia algún día y quedarme con lo bueno.
Quiero poder hablar de lo fuerte que me hiciste y de que todo lo que aprendí, lo aprendí contigo.
El rencor es veneno, y yo no quiero matar nuestra historia.
Gracias por hacerme sentir hasta el infinito, por ser mi montaña rusa, por luchar, por hacer de un imposible un nosotros. Gracias por enseñarme que no todo tiene que tener un final feliz, que hay historias que no tienen sentido, y que cuando algo acaba es porque algo nuevo tiene que empezar.

30 dic. 2017

Lo que más rabia me daba de todo esto, era saber que las cosas podían cambiar en cualquier momento ¿sabéis?
Que no sabía aún qué era lo que nos tenía preparado la vida, que no sabía por qué llevaba tantos años en mi vida. Que tenía que haber una razón. Que tenía que haber un final feliz.

Y la verdad, es que he aprendido que hay cosas que no tienen sentido. Y que todos los finales son también principios, pero que no siempre sabemos verlo a tiempo.

Yo todavía tengo la puerta entreabierta, pero no sabéis las ganas que tengo de un buen portazo. La pregunta es, ¿me quedaré dentro?

Así que he decidido que deberíamos descubrirlo a la vez:

Voy a empezar mi primera novela.

27 dic. 2017

Cuando me preguntan por qué tú, yo pienso en cuando cambiabas de marcha con la izquierda por no quitar tu mano de mi pierna después de una semana sin verme. En cuando me abrazabas muy fuerte mientras dormías porque soñabas que me marchaba, en cuando apoyabas tu cabeza en mi tripa y yo me imaginaba lo mismo en cinco años y siendo tres, o en cuando me decías 'ven' haciendo el amor, porque los cinco centímetros que nos separaban te parecían demasiada distancia.
Y para mí eso era amor.
Y aunque no fuera suficiente nadie podrá decir que no lo intentamos, ni nos quitará que fuimos reales.

Nuevo año.

2017,
febrero, (porque enero ya sabemos que siempre es de prueba),
y saber que lo que siempre pensé que era para mí, realmente no lo es. 
Marzo, creer que he perdido el rumbo y volver a casa después de siete años fuera. 
Abril, y decidir que voy a cumplir mi sueño. Y volver a vivir amores imposibles. 
Junio, tiempo para darme cuenta de la importancia de las cosas y de las personas que tengo a mi lado. 
Julio, directa a mi sueño: EEUU. Y feliz.
Septiembre, 22 años y dejando de sobrevalorar cosas. Dando nuevas oportunidades. A sitios y personas. 
Octubre, descubriéndome. Viendo que soy feliz donde menos me esperaba. 
Noviembre, y Roscón. 
Diciembre, y resumiendo. 
2017, ha sido un año raro de cojones. Todavía quedan siete días para cerrar todas las puertas, pero puedo decir, que es el primer año el que he vivido tantas cosas buenas como malas, en el que me he redescubrierto, en el que he crecido por dentro y he vivido mil primeras veces, en el que me he hecho fuerte. Y definitivamente, que jamás olvidaré. 

9 dic. 2017

Cuidado con el precipicio.

Estuve muchos años enganchada a una relación basura en la que di tanto de mí que me quedé sin nada.
Todo el mundo me decía que tenía que salir de ahí, que me estaba consumiendo, que no me merecía.
¿Y qué sabrán ellos?, pensaba yo. Porque claro, le quería. Y ojalá bastara con querer.

Fueron seis años de idas y venidas, de crecer sin él pero siempre acarreando sus consecuencias.
Seis años y no tuvo ni un día para valorarme. Seis años de mentiras, de humillaciones, de vivirle en paralelo, de no ser nunca parte de él. Seis años de echar a perder todos mis avances cada vez que volvía. 

Un día me di cuenta. ¿Y menos mal. no?
Un día me desperté sabiendo que jamás iba a cambiar. Que no había una sola parte de él que me valorara, que me estaba convirtiendo en alguien que no quería ser y que cuando se aburriera, a él le daría igual. Me desperté sabiendo que nunca había formado parte de su vida, y que jamás entendería todo lo que se esforzó en hacerme creer que me quería a su lado. Sus falsos "quiero vivir contigo", sus interminables "claro que me importas" que me martillaban la cabeza cada vez que me disponía a romper con aquello.

Y apesar de todo, seguí.
Seguí siendo insultada, menospreciada, seguí tragándome gritos que no venían a cuento, ser siempre el tercer plato para alguien que para mí era el menú completo. Seguí perdiéndome.

Y yo, ingenua, seguía pensando que si me dejaba y me volvía a hablar a los tres días, era porque la vida quería que estuviéramos juntos. Porque nuestro destino era ser felices juntos. ¿Qué ilusa, no?

Os resumiré la historia diciendo que estuvimos "juntos" cuatro meses, contando solo desde que "se dio cuenta de que me quería", y que yo me di cuenta de todo esto en el primero.
Aguanté como una valiente,
como una imbécil,
y al cabo de cuatro meses, tras cientos de conversaciones con amigos y mil más conmigo misma, simplemente me fui. Dejé de escribir, y él jamás se molestó en saber por qué.

Y vosotros, que lleváis leyendo más de tres años leyendo sobre la misma persona, no sabéis las ganas que tenía de regalaros un final feliz. Pero ha sido imposible.

Al menos, lo intenté.

Y la historia acaba aquí, aunque no sé si las letras.

Y es en momentos así en los que me pregunto si escribir es un regalo. Cuando me encuentro con una pantalla en blanco y mis manos me llevan siempre a la misma historia. Cuando me es imposible olvidar.

Y cuando el amor vuelva a mis letras, él me leerá preguntándose "¿seré yo?". Y posiblemente sí, pero con suerte ya no.

8 dic. 2017

Mil veces sí.

He decidido no escribirte más.
No volver a soñarte en letras,
no seguir haciéndote infinito.

Porque dicen que 
si un escritor se enamora de ti,
te hará inmortal.

Y yo ya tengo que haberte dado tres vidas.

He decidido no escribirte más,
a pesar de que tu jamás me leas,
y no tenga otra forma de pensarte.

No sé por cuánto tiempo,
pero has vuelto,
y solo quiero que te quedes
y quererte un rato más.

No sé cuántos abrazos
me quedan para darte,
o cuantas noches juntos.

Cuantas veces podré besar
la distancia de tu cuerpo.
Cuantas mañanas tendré,
para seguir contándote en lunares.

No sé por cuanto tiempo,
pero has vuelto.

Y solo puedo esperar,
que cuando me reencuentre
con este último nosotros en letras,
con este miedo a hacerte pasado;
tú me quieras,
hayamos hecho futuro,
y sigamos disfrutando de las vistas
de este nuestro precipicio.

Y pueda decir,
que sí
y mil veces sí,
a volver a caer de él si es contigo.

No sé por cuánto tiempo 
pero has vuelto,
y yo he decidido
dejar de escribirte.

Y es que ya no sé 
cómo hacer letras
todo este caos,
todas las ganas,
todos los síes.

Y hasta entonces,
vuelvo a estar preparada
por si te vas.

Porque sé,
que jamás
tendrás coraje
para admitirlo.

Que preferiste un presente seguro,
a un futuro feliz.
Que era mentira eso
de que no volverían a hacerte sentir.




4 oct. 2017

Por qué te quiero en 65 palabras.

Te quiero porque eres casa. Porque tienes la magia necesaria como para hacerme sentir bien, aun estando a kilómetros. Porque contigo todo es paz. Aunque hayamos pasado la mitad de la historia en guerra.
Te quiero por la historia. Porque me has visto crecer, querer, quererte. Porque contigo aprendí que hay mundo más allá del primero, y que el que menos te esperas, puede ser.
Te quiero porque odias que piense en el futuro. En nuestro futuro.
Porque no te dejas querer y por eso yo te quiero por los dos.
Te quiero porque sé que lo sabes, todo, aunque no me lo digas.
Te quiero porque a pesar de todo, que no es poco, y estando en la otra punta del mundo, si pienso en con quien me gustaría despertarme mañana, la respuesta eres tú.
Te quiero a mi manera. Te quiero a mi lado, libre. Quiero que creas, que confies, que te dejes querer. Quiero que nunca dejes de enseñarme, quiero que no paremos de crecer y aprender juntos. Y te quiero porque llevamos muchos años haciéndolo.
Y te quiero también, porque sé que 65 palabras jamás serán suficientes, si las que ya llevo siguen quedándose cortas.