27 nov. 2014

Saturday i'm love.

Good day sunshine, love you 
Are you ready for a perfect sunny day? 
Good day sunshine, kiss me 
Tell me what you want, 
Let us break away 
On Mondays you and I we start to fight, 
It always ends the same 
On Tuesday, Wednesday night it's all so quiet 
It's nothing left to say 

Saturday I'm In Love 
It's Saturday, me and you 
It's Saturday!


26 nov. 2014

¿Él? - Guy de Maupassant

Amigo mío, ¿no lo comprendes? Lo creo. ¿Piensas que me volví loco? Tal vez sí estoy algo loco, pero no por la causa que imaginaste.

Sí. Me caso. Ahí tienes.

Y, sin embargo, mis ideas y mis convicciones, ahora como siempre, son las mismas. Considero estúpida la unión legal de un hombre y de una mujer. Estoy seguro de que un ochenta por ciento de los maridos han de ser engañados. Y no merecen otra cosa, por haber cometido la idiotez de ligar a otra vida la suya, renunciando al amor libre, lo único hermoso y alegre que hay en el mundo, y de cortar las alas a la fantasía que nos impulsa constantemente hacia todas las hembras agradables, etc. Me siento incapaz de consagrarme a una sola mujer, porque me gustarán siempre todas las mujeres bonitas. Quisiera tener mil brazos, mil bocas, mil... temperamentos, para poder gozar a un tiempo a una muchedumbre de criaturas femeninas.

Y, sin embargo, me caso.

Añade que apenas conozco a mi futura esposa. La he visto nada más tres o cuatro veces. No me disgusta, y esto basta para mis propósitos. Es bajita, rubia y regordeta. En cuanto sea ya su marido, comenzaré a desear una morena delgada y alta. No es rica. Pertenece a una familia modesta en todos los conceptos. Mi futura es una muchacha, como las hay a millares, útiles para el matrimonio, sin virtudes ni defectos aparentes.
Ahora la juzgan bonita; cuando esté casada la juzgarán encantadora. Pertenece al ejército de muchachas que pueden hacer la dicha de un hombre... mientras el marido no repara que prefiere a su elegida cualquiera de las otras.

Ya oigo tu pregunta: ¿Por qué te casas?

Apenas me atrevo a confesar el motivo que me ha impulsado a una resolución tan estúpida.
¡Me caso por no estar solo!
No sé cómo decírtelo, cómo hacértelo comprender. Me compadecerás, despreciándome al mismo tiempo; llegué a una miseria moral inconcebible.
Estar solo, de noche, me angustia. Quiero sentir cerca de mí, junto a mí, a un ser que pueda responderme si hablo; que me diga cualquier cosa.

Quiero alguien que respire a mi lado; poder interrumpir su dulce sueño de pronto, con una pregunta cualquiera, una pregunta imbécil, hecha sin más objeto que oír otra voz, despertar una conciencia; un cerebro que funcione; ver, encendiendo bruscamente mi bujía, un rostro humano junto a mí; porque..., porque..., porque..., ¡me avergüenza confesarlo!..., solo, ¡tengo miedo!
¡Ah! Tú no me comprendes aún.

No temo peligros ni sorpresas. Te aseguro que si en mi alcoba entrara un hombre, lo mataría tranquilamente. Tampoco me infunden temor los aparecidos; no creo en lo sobrenatural. Nunca tuve temor a los muertos; al morir, cada persona se aniquila para siempre.
Y a pesar de todo..., ¡claro!..., a pesar de todo, tengo miedo..., ¡miedo de mí mismo!... Tengo miedo al miedo; me infunden miedo las perturbaciones de mi espíritu. Me asusta la horrible sensación del terror incomprensible.

Ríete de mí si te place. Sufro sin remedio. Me hacen temer las paredes, los muebles, los objetos más triviales que se animan contra mí. Sobre todo, temo los extravíos de mi razón, que se confunde y desfallece acosada por una indescifrable y tenue angustia.
Comienzo por sentir una vaga inquietud que atormenta mi alma y al fin me produce un escalofrío. Vuelvo la vista en torno y no descubro nada que pueda causarme terror. Yo quisiera encontrar algo que lo motivase. ¿Qué? Algo sensible, corpóreo. Pero ¡ay!, lo que más aumenta mi terror es que no hallo su causa.

Si hablo, mi voz me asusta. Si paseo por la estancia, temo tropezar con lo desconocido que se oculta detrás de la puerta, entre la cortina, en el armario, bajo la cama. Y, sin embargo, tengo la certeza de que mi temor es infundado.

Doy media vuelta con brusquedad, temeroso de lo que tengo a la espalda. Y estoy seguro de que no hay nada temible.
Me agito; mi espanto aumenta; cierro con llave mi habitación. Me hundo entre las ropas de mi lecho, haciéndome un caracol; cierro los ojos obstinadamente y permanezco en semejante postura un tiempo indefinido; reflexionando que la bujía sigue ardiendo y que será indispensable apagarla. Ni siquiera me atrevo a moverme.
¿No es horrible vivir así?

Antes, no me preocupaban esas cosas. Entraba en mi habitación tranquilamente. Iba y venía sin que nada turbase mi serenidad. ¡No me hubiera reído poco si alguien me pronosticara que una dolencia de miedo inverosímil, estúpido y terrible me sobrecogería con el tiempo! Entonces no me asustaba poco ni mucho abrir las puertas en la oscuridad, ni acostarme tranquilamente sin echar los cerrojos, y nunca tuve que levantarme a medianoche para convencerme de que todas las aberturas de mi cuarto estaban herméticamente cerradas.
Mi dolencia lastimosa dio comienzo hace un año de un modo especial.
Era en otoño y en una noche húmeda. Cuando se hubo ido mi asistenta, después de servirme la comida, me puse a pensar qué haría yo. Así pasé una hora dando vueltas por mi estancia. Me sentía fatigado, abatido sin causa, impotente para trabajar, sin deseo de coger siquiera un libro para entretenerme.

Una lluvia menuda golpeaba en los cristales; me invadió la tristeza, una tristeza, inexplicable, unas ganas de llorar, un desasosiego verdaderamente invencible.

Me sentía solo, abandonado; mi casa me pareció silenciosa como nunca. Envolvíame una soledad inmensa y desconsoladora. ¿Qué hacer? Me senté; pero una impaciencia nerviosa me hormigueaba en las piernas. Levantándome, volví a pasear. Es posible que tuviera un poco de fiebre; notaba que mis manos cogidas a la espalda, en una posición frecuente cuando se pasea despacio y solo, abrazábanse una contra otra. De pronto, un escalofrío estremeció todo mi cuerpo. Creí que la humedad exterior penetraba, y me puse a encender la chimenea, que no había encendido aún aquel otoño. Me senté, contemplando las llamas. Pero en seguida tuve que levantarme; no podía estar quieto y sentí deseos de salir, de moverme, de hablar con alguien.

Fui a casa de tres amigos; no encontré a ninguno y encamineme hacia el bulevar, ansioso de ver alguna cara conocida.

Todo estaba triste. Las aceras mojadas relucían. Una tibieza de lluvia, una de esas tibiezas que producen estremecimientos crispadores, una tibieza pesada, una humedad impalpable, oscureciendo la luz de los faroles de gas, lo envolvía todo.
Yo avanzaba con paso inseguro, repitiéndome: "No encontraré a nadie con quien hablar". Asomándome a los cafés, recorriendo la Magdalena, sólo vi personas tristes, hombres abatidos, como si les faltaran fuerzas para levantar las copas y las tazas que tenían delante.
Así anduve mucho tiempo, errante, y a medianoche tomé la dirección de mi casa, tranquilo, pero fatigado. El portero, que se acuesta siempre antes de las once, no me hizo esperar en la calle, contra su costumbre. Y me dije: "Acabará de abrir la puerta para otro vecino".
Siempre que salgo de casa, doy las dos vueltas a la llave. Me sorprendió que sólo estaba echado el picaporte, y supuse que habría entrado el portero para dejarme alguna carta sobre la mesa.

Entré. Aún estaba encendida la chimenea; los resplandores del fuego esparcían alguna claridad por la estancia. Acerqueme para encender una luz y vi a un hombre que, sentado en mi sillón, se calentaba los pies, mostrándome la espalda. No sentí miedo. ¡Ah, ni la más insignificante zozobra! Una suposición muy verosímil cruzó mi pensamiento; supuse que alguno de mis amigos fue a verme, y el portero lo hizo entrar para que me aguardara. Y de pronto recordé su prontitud en abrirme la puerta de la calle y la circunstancia de hallarme la de mi cuarto cerrada sólo con picaporte.

Mi amigo dormía profundamente. Un brazo colgaba fuera del sillón y tenía las piernas una sobre otra. Su cabeza, inclinándose, indicaba un sueño tranquilo. Entonces me pregunté: "¿Quién será?". Y cuando puse la mano en su hombro..., el sillón estaba ya vacío. No vi a nadie.

¡Qué sobresalto! ¡Misericordia!
Retrocedí, como si un peligro espantoso me amenazara.

Luego, dando media vuelta en redondo, cercioreme de que tampoco había nadie a mi espalda. Un ansia irresistible me arrastró hacia el sillón vacío. Y estuve en pie, angustioso, jadeante, horrorizado, a punto de caer al suelo, desvanecido.

Pero soy hombre sereno y pronto recobré mi sangre fría. Me dije: "Acabo de padecer una desagradable alucinación. Todo se reduce a eso". Y reflexioné inmediatamente acerca de semejante fenómeno. El pensamiento vuela en tales circunstancias.

Que todo fue alucinación, era seguro. Pero mi espíritu no se había turbado, mi juicio funcionaba mientras sufría natural y lógicamente; luego no hubo desarreglo cerebral. Solamente se habían engañado mis ojos, y su engaño fue origen del error mental. Habían padecido los ojos un extravío, una de las aberraciones visuales que parecen milagrosas a las gentes incultas. Era un poco de congestión, acaso.
Encendí la bujía, y al acercar la mano al fuego, sacudiola un temblor, y me incorporé rápidamente, como si alguien me hubiera tocado por la espalda.
Sentía inquietud...

Anduve de una parte a otra, diciendo algunas frases, para oírme; canté a media voz.
Luego cerré la puerta con llave, y esto me tranquilizó algo. Nadie podía entrar por sorpresa. Sentado, reflexioné las circunstancias de mi aventura; después me fui a la cama y apagué la luz. Al principio nada hubo de particular. Estuve tumbado tranquilamente. Luego sentí ansia de mirar en torno y me apoyé sobre un costado.
En la chimenea sólo había ya dos o tres brasas; lo suficiente para permitirme ver con sus difusos reflejos las patas del sillón, y me pareció que había vuelto a sentarse un hombre.
Encendí una cerilla con rapidez. Me había equivocado. No vi a nadie.
Sin embargo, me levanté, arrastrando el sillón hasta la cabecera de mi cama.

Volviendo a quedarme a oscuras, procuré descansar. Acababa de dormirme cuando se me apareció, en sueños, pero tan claro como si lo viera en realidad, el hombre sentado junto a la chimenea. Despertando con angustia, encendí la luz, y me quedé sentado en la cama sin atreverme a cerrar los ojos.
Dos veces me venció el sueño, a mi pesar; dos veces el fenómeno se reprodujo. Creí volverme loco.
Al amanecer, la claridad me tranquilizó y dormí sosegado hasta el mediodía.

Todo había concluido. Fue una fiebre, una pesadilla, ¿quién sabe? Sin duda estuve algo enfermo. Sólo sentí al despertar mi cerebro atontado.
Pasé alegremente aquel día; comí en el restaurante; fui al teatro; luego, me dispuse a retirarme. Pero, camino de mi casa, una inquietud angustiosa me sobrecogió. Temí encontrarlo; no porque me infundiera miedo verlo, no porque imaginara real su presencia; temía sentir de nuevo el extravío de mis ojos, mi alucinación, miedo al espanto sin causa.
Durante más de una hora estuve arriba y abajo por mi calle hasta que, juzgando imbécil mi temor, entré al fin en casa. Iba temblando hasta el punto de que me fue difícil subir la escalera. Estuve diez minutos en el descansillo, hasta que tuve un momento de serenidad y abrí. Entré con una bujía en la mano, di un puntapié a la puerta de mi alcoba, y mirando ansiosamente hacia la chimenea, no vi a nadie.
-¡Ah!...

¡Qué gusto! ¡Qué alegría! ¡Qué fortuna! Iba de un lado a otro, decidido; pero no estaba satisfecho; de pronto, volvía la cabeza, sobresaltado; cualquier sombra me hacía temer.
Dormí poco y mal, despertándome con frecuencia ruidos imaginarios. Pero no lo vi; no apareció. Desde aquel día, todas las noches el miedo me acosa. Lo adivino cerca de mí, detrás de mí. No se presenta, pero me hace temer. Y ¿por qué temo, si no ignoro que fue alucinación, que no existe, qué no es nada?
Sin embargo, temo, y me obsesiono. "Un brazo colgaba fuera del sillón y tenía las piernas una sobre otra". ¡Basta! ¡Basta! ¡Es insufrible! ¡No quiero pensar y no se aparta de mi pensamiento!
¿Qué significa esa obsesión? ¿Por qué persiste? ¡Veo sus pies junto al fuego!

Me acobardo; es una locura; pero el caso es que me acobardo. ¿Quién es? ¡Ya sé que no existe, que no es nadie! Sólo existe como imagen de mi angustia, de mi desasosiego, de mis temores. ¡Basta, basta!
Sí; por mucho que razono, por más que me lo explico, no puedo estar solo en mi casa. Él no se aparece, pero me domina. No vuelve. Todo acabó. Pero sufro como si volviera. Invisible para mis ojos, ahora se clava en mi pensamiento. Lo adivino detrás de las puertas, dentro del armario, debajo de la cama, en todos los rincones, en cada sombra, entre la oscuridad... Si me acerco a la puerta, si abro el armario, si miro debajo de la cama, si aproximo una luz a los rincones, huye con la oscuridad: nunca se presenta. Quedo convencido, no se presenta, no existe, y, sin embargo, me obsesiona.
Es imbécil y horrible. ¡Qué puedo hacer? ¡Nada!

Si alguien estuviera conmigo, él no me turbaría. Turba mi soledad; le temo, porque la soledad me acongoja.

25 nov. 2014

100 días sin ti.

Notas adjuntas

¿Sabes? Ni si quiera voy a seguir escribiéndote.

¿Quieres recordar lo que pasó los días siguientes a este?
Tú dejaste de escribirme,
yo dejé de quererte.
Nunca volvimos a saber el uno del otro hasta la semana pasada: 30 de junio del 2015
La semana pasada nos reencontramos, nos tomamos un café acompañado de unas galletas y mucha indiferencia, y luego nos fuimos cada uno por nuestro lado.
Como siempre,
como hasta hoy.

Supongo que me parecía interesante que supieras que este diario era para conocer todo lo que sentía en aquel entonces en el que el amor parecía de cristal y realmente importante,
pero no.
No lo es.

Y nunca lo será.

A veces, es mejor irse. No se puede forzar algo que no tiene futuro. A veces, quedarse es ir demasiado lejos.



2 de julio de 2015

100 días sin ti.

Día quince

Ya van quince días sin ti, (o quizá más, pero supongo que tardé un poco en asimilarlo),
y no es que según pasan los días mis sentimientos por ti disminuyan, no;
lo que pasa es que conforme pasan los días, me doy cuenta de todo lo que has estado jugando conmigo, con mi sonrisa, con mis lágrimas y con mi corazón. Y me doy cuenta de el pasatiempo que esto ha sido para ti.
Gracías, aunque ya sea demasiado tarde, gracias por ayudarme a ver las cosas claras.

Gracias por irte de mi vida.

Un día lloré,
pero todavía no sabía el favor que me estabas haciendo.


29 de noviembre de 2014

Odio y amor, o solo odio.

Cuando te preguntaron por tu fin de semana ,
contestaste ' ocupado y divertido'...
¿Sabes que contesté yo?
No, no lo sabes. No hubo respuesta.
Fue demasiado tedioso como para explicarlo con palabras.
Y ya no solo por el curso,
que se me está haciendo realmente largo,
sino porque tu recuerdo me consume.

Cada día es un día menos para verte,
y un día más de odio.

Odio estar lejos,
odio que no me eches de menos,
que no te afecte,
odio que no me escribas
y que te sea insignificante.

Odio confiar en ti,
soñar contigo,
leerte,
escucharte,

y que todo esto sea lo lejos,
en las sombras.

Estoy aquí ¿sabes?

Lo odio:
que no me leas,
que no me busques,
que no me veas,
que no me quieras.



23 nov. 2014

100 días sin ti.

Día catorce

Hoy vuelves a marcharte con tus letras,
de mi vida,
de mis ojos,
de mis manos,
y (no) de mi corazón.

A tus palabras, tus ganas y tu sonrisa,
se las ha llevado el viento,
y a noviembre,
que está solo,
entre el siempre y el jamás,
le ha dado por jugar con nuestra historia.

Tengo frío,
¿por qué no vienes y me abrazas,
y hacemos como que las cosas,
las buenas,
sí que son verdad?


Yo aún sigo aquí,
acostumbrándome a tus cambios,
a los míos,
y a los del cielo.

Has conseguido que casi no me afecte que te marches,
y solo quedan diez días para verte de nuevo...

Puede que el 'casi' llegue al 'del todo' justo a tiempo.

Sería una pena.
Confiaba en esto,
y aun lo hago,
pero solo en ti.

O más bien no,
no confío en ti,
confío en tu corazón:
en que gane esa lucha,
cuerpo a cuerpo,
con tu cabeza y tus putos convencionalismos,
y que por una vez,
hagas lo que quieres,
lo que sientes.

El amor.



(En todos los aspectos.)




28 de noviembre de 2014

22 nov. 2014

¿Y si los 'quizás' fueran lo único que nos queda?

Sal o azúcar,
blanco o negro,
cerca o lejos,
querer u odiar,
fuerte o débil,
seguro o inseguro,
claro u oscuro,
frío o calor,
bonito o feo,
caro o barato,
legal o ilegal,
corrupto o ... 
corrupto,
aprobado o suspenso,
aceptado o denegado,
posible o imposible.

Todo o nada.


¿Por qué todo el mundo se aferra a los extremos?
¿Por qué nadie es capaz de ver que quizá...?

A veces es bueno tener esperanza,
porque la esperanza es el punto intermedio a la vida,
y los puntos intermedios son bonitos:

como el lunar a mitad de tu espalda,
o el no saber del todo si te quiero,
o levantarnos abrazados en mitad de la cama de tus padres.

Que sí,
todavía quedan cosas por hacer que no sabes que puedes conseguir.

Cree en los 'quizá'.
Pueden salvarte la vida,
y el amor.

100 días sin ti.

Día trece

Me duelen los ojos del empeño que pongo en cerrarlos,
por que solo te veo cuando sueño,
y quiero hacerlo cada segundo del día.

Echo de menos tus besos cálidos,
tu mano protectora sobre la mía, 
tus ojos calmos absorbiendo cada segundo,
y su brillo cuando me decían que me querías,
tu sonrisa tranquila e inocente,
tus abrazos,
que dan la vida,
y ganas,
y fuerza...

Todo de ti.

Porque estás, a 360km, 
estás ausente,
estás perdido,
y te has rendido.

No lo hagas.
Aún quedan cosas bonitas.


Aún quedas tú.



27 de noviembre de 2014

21 nov. 2014

'Pauesía.'

Dejo escrito,
hasta que la lluvia lo emborrone,
que te quiero 
y que lo haré para siempre,
como hasta hoy.

20 nov. 2014

100 días sin ti.

Día doce

Doce días llevo sin ti,  
y doce días quedan para verte.

No puedo saber si saldrá bien,
no quiero mirarte a los ojos y autodestruirme,
ni deslumbrarme con tu sonrisa mientras te escucho decir cosas que,
sinceramente,
nunca entiendo;
porque solo me centro en el sonido de tu voz.

Ojalá tu voz me acompañara a la cama,
y formara parte de mis sueños,
y de mi vida.

Ojalá tu voz me acariciara la espalda,
me susurrara 'te quiero',
y paseara por mi cuerpo,
como lo hace por ti: de la cabeza, al cuello,
y del cuello, a tu boca.

Ojalá.

Por pedir, que no quede ¿no?
Que no se vive de sueños, pero todos esperamos que el amor nos salve algún día,

y soñar contigo también es una forma de amar.

Aunque duela.



26 de noviembre de 2014

19 nov. 2014

100 días sin ti.

Día once

Solo quedan dos semanas para volver a verte,
verte y tocarte,
abrazarte y (quizás) besarte,
hablar, perdonar,
prometer y cumplir.

Solo quedan dos semanas para tú,
(ti, te),
conmigo.




25 de noviembre de 2014

100 días sin ti.

Día diez

Deja de llamarme (solo por un rato),
deja de hacer como que no te duele estar lejos,
deja de buscar ser siempre tan perfecto,
de querer estar por encima del resto,
de aparentar que no tienes sentimientos.

Nadie es perfecto,Raúl;
y ser imperfecto no conlleva ser malo,
ni perder a alguien a quien quieres,
ni sufrir de más,
así que...
sé tú mismo: es la parte que más me gusta de ti,
la real.

Quizá entonces esto pueda ser lo que de verdad es.



24 de noviembre de 2014

100 días sin ti.

Día nueve

¿Sabes?

Hoy he sido realmente feliz...

Me ha encantado estar tumbada en la cama contigo,
de esta forma, hasta los peores moteles merecen la pena.
Me ha encantado no tener nada de que contar y no callar,
viendo la vida y las horas pasar,
sintiendo tu mano
arriba y abajo por el cañón de mi espalda,
sintiendo tus ojos 
viéndome dormir,
y tu sonrisa al escucharme hablar.

Me ha encantado creer que esto ;
y pensar que al salir el sol,
todo podía ser posible;
porque cuando estoy contigo,
me invaden la esperanza y las ganas,
y me devuelves la fuerza necesaria para amarte.

Por favor,
no vuelvas a quitármela.

¿Sabes?

Hoy he sido realmente feliz...


Hoy he soñado contigo.



23 de noviembre de 2014

17 nov. 2014

100 días sin ti.

Día ocho

Cuando te fuiste te llevaste contigo mi cordura,
y mi corazón,
y me dejaste sola con las ruinas de un muro que tú habías derribado.

Voy a darme una oportunidad.
Comenzaré a reconstruirme.

Ya va haciendo frío como para vivir al raso: al aire y sin ti.



22 de noviembre de 2014


100 días sin ti.

Día siete


Hoy me has dicho que te vas,
que no estarás cuando al fin pueda pisar una de las ciudades más bonitas del mundo;
que lo que iban a ser dieciséis días, pasarán a ser diez meses.

Y es que nuestra historia está en guerra y tu huyes como un cobarde,
en vez de quedarte y luchar.

Ya no duele, ¿sabes?
Ya no siento nada...


Y no sé que es peor.




21 de noviembre de 2014

16 nov. 2014

Stuck in reverse.

And the tears come
streaming down your face

When you lose something
you can't replace
When you love someone
but it goes to waste
Could it be worse?

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you

And high up above or down below
When you're too in love to let it go
But if you never try you'll never know
Just what you're worth

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you


100 días sin ti.

Día seis

Supondré que no sabes que he tirado la cuenta atrás para verte a la basura,
y que he borrado todas tus fotos,
que tengo tu conversación archivada,
y tu nombre como 'No contestar'...


pero es inevitable.

Hoy me has hablado y a pesar de todo,
he vuelto a responder.

Suelta las cuerdas de la marioneta que es mi corazón para ti.
Déjame marchar,
o quédate.


Pero decidas lo que decidas,
que sea para siempre.



20 de noviembre de 2014

100 días sin ti.



Día cinco
'Me consumes como el fuego a una vela,
como si fuese un cigarrillo entre tus labios.
Y es irónico,
porque aquí la droga siempre has sido tú'.


Hoy me he levantado y he pensado en ti.
Como cada día desde que te fuiste.
Hoy me levantado al ritmo de Zenet

y he ido directa a esa cuenta atrás, que nunca debí hacer,
para quitar otro número más.

Ya son diecisiete...

Como las lágrimas que me has hecho perder,
como las veces que me dijiste 'te quiero',
como los segundos que tardaste en decirme 'adiós'.


Me estoy muriendo aquí sin ti.

Ven.

No me dejes destruirme sola.







19 de noviembre de 2014

15 nov. 2014

100 días sin ti.

Día cuatro

He vuelto a ver vuestras fotos por duodécima vez en la misma semana.
Me han entrado ganas de llorar, (al menos solo siguen siendo ganas).
Supongo que nunca seré lo que ella ha sido...,
lo que ella es para ti.
Y lo sé porque tu nunca serás lo que fue él...
(Pero yo si tengo ganas de intentarlo).


18 de noviembre de 2014



Y seguiría haciéndolo.

Te elegí aun cuando no estaba segura de lo que sentía y ahora te vuelvo a elegir.

A pesar de todo.

100 días sin ti.

Día tres

Quiero creer que cada día pienso un poco menos en ti.
Hace tres días que te fuiste y quedan dieciocho para volverte a ver.
Ni siquiera sé si eso tiene mucho sentido, pero supongo que esto nunca lo tuvo;
y eso era lo bonito.





17 de noviembre de 2014


100 días sin ti.

Día dos

Alguien dijo alguna vez que lo importante no era el móvil, sino la persona que estaba al otro lado de la pantalla.

Tenía razón.

Aunque cada vez que mi móvil vibra se me sale el corazón, pensando que quizá seas tú;
ya no me importa.
Es un objeto inerte sin más.
Ya no se me quiebra la voz cada vez que te leo...

porque no estás.





16 de noviembre de 2014

100 días sin ti.

Día uno

Siempre discutíamos, ¿recuerdas?, por cualquier tontería; 

pero eran esas discusiones que ocurrían y pensabas '¡Dios, cuánto le quiero!'
Esta vez fue diferente: la primera palabra ya olía a despedida.

Y aquí estoy, escribiéndote. Mi corazón me recomendó que lo hiciera cuando leyó tu último 'adiós'.


No lo leas nunca.



Aún tengo la esperanza de que esta noche me hables y hagamos como si nada,

como siempre.


Vuelve.





15 de noviembre de 2014

14 nov. 2014

Extrema y dura.

¿Dónde están los besos que te debo? 
en una cajita; 
que nunca llevo el corazón encima 
por si me lo quitan. 

Y harto de buscarte siempre a oscuras 
y de volverme en puro hielo 
tiré toda mi vida a la basura, 
y ni las ratas se la comieron. 

Nadie me persigue pero yo acelero. 
Llaman a mi puerta y yo ya a nadie espero. 



Escribir sobre la vida no es vivir.

Una vez alguien me preguntó si sabía qué era la vida.

La vida es estar cansada de que siempre seas tú el tema central de mis historias,
pero aun así seguir escribiendo tu nombre, en letras abstractas, en los márgenes de mi cuaderno.

Vida es llorar sola, llorar por amor, llorar a la injusticia y a las cosas bonitas;
pero poder recibir a cambio un abrazo de alguien a quien realmente quieres.

Vida son problemas,
problemas fáciles y verdaderamente complicados.
Vida son caídas, y unas muy tediosas recuperaciones.

Vida es saber buscar siempre algo bueno, en los malos momentos.

Vida es irte de viaje sin nada y contigo.
Y disfrutar, porque la persona con la que te gustaría compartir ese momento esta ahí,
a tu lado,
quitándote la necesidad de compartirlo en redes sociales en las que solo predomina la búsqueda de atención.

Vida son tus ojos, tu boca, tus manos, tu voz.

Vida es esto: esa incontrolable necesidad de escribir sobre ti.
Porque vida, eres tú.



La lluvia

Me gusta que llueva cuando estoy triste,
porque parece que el mundo comprende mi dolor.
Me gusta salir a la calle cuando llueve,
porque las gotas se esfuerzan en maquillarme las lágrimas.
A veces me pongo las botas de agua en los días grises para sentirme segura,
a pesar de las lágrimas de lluvia y la lluvia de dolor...
como diciendo 'hoy puedo con todo', aunque no sea verdad.

La verdad es, que me gustaría no estar triste porque las personas tristes siempre acaban cansando.
La verdad es, que es triste que solo un folio en blanco pueda ser mi confidente en estos días de lluvia, de cielo y corazón.

Quizá mañana salga el sol;
siempre sale el sol.





Deja de llorar, cielo.
Deja de llover, corazón.



Historia de un autobús.

Autobús 51,
última parada: Sol.

Cada día el mismo sitio.
A la misma hora.
Cada día cien miradas.
Dos sonrisas.
Cada día la duda.
Cada día un nombre distinto,
y siempre los mismos ojos.

Ven, hazlo. Pídemelo.
Pídeme el número,
o la vida.
Pídeme lo que quieras,
aunque solo sea otro viaje en autobús.

Última parada: tú.

Dudas

Siempre pienso en qué pondría en aquella carta que nunca llegó,
pienso en qué sentías cuando decías que me querías y cuando me animabas a un 'nosotros'.
Y después, justo después, pienso qué sentías cuando me decías que te daba exactamente igual que me fuera y me echabas de tu vida sin siquiera pestañear.

¿No te dolía, verdad?
Tranquilo, yo sufrí por los dos.

En momentos como este, en el que mi boli, mi boca y yo te volvemos a extrañar y ya no estás,
me entran las dudas...

Quizá todo fuera mentira.

¿Lo era?

Peros que matan.

Qué paradójico es todo esto...
Tú ya no estás y yo sigo escribiendo nuestra historia.

Aún miro el móvil al despertarme,
por si me has enviado un mensaje diciéndome que esta vez sí,
que me quieres de verdad,
que en estos días grises, tu amor dejó de ser mentira.

Pero no.

Café.

Cada mañana lo mismo:
un café cargado,
con leche y sin ti.



Microcuento.

Ya es tarde.


50 sombras de Grey.

Hago esta entrada con motivo del estreno del segundo tráiler que os dejo un poco más adelante; y para el que Beyoncé crea una gran canción usada como trasfondo musical. 
Desde el segundo 00:01 se nota la tensión entre los protagonistas.



"No soy el hombre para ti." 
Después de 3 meses de espera desde el primer tráiler, los dos protagonistas de la película más esperada del próximo año vuelven a reunir su pasión en el segundo y último teaser de 50 Sombras de Grey
También pisa fuerte Beyoncé (esta vez con Haunted).
El 14 de febrero de 2015, Christian Grey y Anastasia Steele se verán por fin las caras en la gran pantalla y todos los que no hayan leído todavía este sexual e hiperventilante relato de E.L. James, podrán conocer la historia en la película dirigida por Sam Taylor Johnson y protagonizada por Jamie Dornan Dakota Johnson.



El último trailer de '50 Sombras de Grey'


¡Nos vemos en el cine!

13 nov. 2014

Reflexiones de un jueves noche.

Esto es amor: vivir a destiempo. Reconocer que hubo una oportunidad. Hubo. Un beso por dar, un abrazo a medias y mucho amor de boquilla.



Guts over fear.

Afraid to make a single sound
Afraid I would never find a way out, out, out
Afraid I'd never be found
I don't wanna go another round
An angry man's power will shut you up
Trip wires fill this house with tiptoed love
Run out of excuses for everyone
So here I am and I will not run
Guts over fear, the time is near
Guts over fear, I shed a tear
For all the times I let you push me round
And let you keep me down, now I've got
Guts over fear, guts over fear.






Tú, en pasado.

A veces salgo a la calle y camino, y mi mano se cierra hacia adentro como si se pudiese aferrar a un nosotros, a un posible futuro, y supongo que esto pasa porque aún no te has ido. 
Quiero decir, tú te fuiste, y hace mucho además, dejando más cicatrices de las que ya tenía, pero hasta que eso no sane no podré borrar tus recuerdos: ni tus manos en las mías, ni tus besos furtivos, ni tus ojos café.

Si me miran a los ojos te ven, aunque no sepan a quién están viendo;
ven ojos tristes, brillantes y perdidos: dolor, amor, pasado... tú.
Más de una persona me lo ha dicho: "Pilar estás ausente, como en el aire ¿qué te pasa? ¿Es amor...?"
Y yo pienso "¿Amor?¿Esto es amor? Si es esto entonces no lo quiero. Me duele tanto que podría morirme aquí mismo."

En el momento en el que llegas al precipicio de una historia tienes dos opciones: arriesgarte y continuar insistiendo en algo que quizá ya no tenga futuro, o irte para siempre y olvidar.
Ambas son difíciles, tanto a la hora de decidir como a la hora de realizarlas.

Las decisiones más complicadas siempre son las más importantes en la historia de una persona.

Tú decidiste echarme de tu vida con una facilidad insuperable, así, sin más. Como si nunca te hubiera importado absolutamente nada de esta historia.
Yo, en cambio, supe quedarme por si decidías volver. Y aguantas. Y quieres. No es tan complicado, lo prometo.

Deseaba con todo mi corazón que en esa agonía de perfección de vida que buscabas, me echases de menos y no pudieras decirlo en alto, pero mientras tanto... mientras pensaba eso... yo seguía limpiando el polvo al altar que te había creado en mí. Dentro. Muy dentro. Justo en el centro del corazón.