23 dic. 2016

2017, mismos sueños y diferentes errores. ¿O es al revés?

Ya he vivido veintiún fines de año, y unos cuantos fin del mundo. También he pensado un par de veces que la vida se acababa porque ese dolor me acabaría matando, y ha habido gente que ha huido de mi vida llevándose un poco de ella consigo. 

Ya he vivido veintiún fines de año y como cada diciembre sigo pensando en si estoy haciendo bien las cosas. 
En si estoy viviendo de una forma que vaya a hacer sentirse a mi familia orgullosa de mí. A mis amigos, felices de tenerme a su lado. Y a mi pareja paseando de la mano por la calle, con ganas de que la gente sepa con quién está. 

Pero la verdad es que no: Hay poca familia, menos amigos y ninguna pareja. 

Y es que no sé lo que estoy haciendo y eso es lo que más me gusta. Que me equivoco al menos dos veces al día. Que fallo. Que repito de curso, acabo relaciones y dejo cosas sin terminar. Que no tengo prisa. Que no hago lo que los demás quieren que haga. Que no vivo acorde con lo que se ve bien. Ni se me va la vida por conseguir un papel que acredite que he pasado otros cuatro, cinco o seis años de mi vida haciendo como que estudiaba algo que no me va a servir para nada. Que no me gusta esta sociedad, ni su forma de pensar, ni sus prejuicios. Que prefiero estar sola a mal acompañada. Y es que una foto en Instagram no te va a hacer más feliz. Nunca entenderé a la gente que vive rodeada de personas por pura apariencia y realmente están solos. 

La verdad es que soy más de amigos que de familia. Y ya no me quedan muchos de ninguno de los dos. Que la gente se muere, se enfada, se escapa entre tus manos y a ti no te queda más remedio que seguir viviendo. 

Que me gusta ir al cine sola, quedarme en casa dos días seguidos, ver películas de llorar para llorar, empezar proyectos solo por la ilusión de creer que todo es posible. 

Me han hecho perder la fe, pero siempre tendré esperanza. En el amor, en las personas, en la vida. 

Llevo veintiún fines de año pensando que el siguiente será mejor, que tendré suerte. 
Pero la suerte no existe. 

La respuesta a todo es hacer lo que realmente quieres hacer, aun a riesgo de cagarla. Aunque no sepas hacia dónde te va a llevar. Por que no hay fallos, sino lecciones. Porque quedarte en casa protegido no te va a hacer más feliz. Ni seguro. Hay que caerse para aprender a levantarse. 

La vacuna de la vida es la indiferencia. Es pensar que no gustarle a la gente está bien, porque estás haciendo las cosas como a ti te gustan y no como esta sociedad de mierda te ordena. 
La vacuna de la vida es querese a uno mismo y no esperar toda la vida a que alguien lo haga por ti. 

Viaja a riesgo de quedarte sin dinero. Sé sincero. Sé selectivo. Aprende a ver que nadie es imprescindible y que siempre habrá alguien capaz de apoyarte y quererte más que ese gilipollas. No te quedes sin hacer cosas por no tener compañía. Sal de fiesta aunque sepas que al día siguiente no podrás moverte. Hazte a la idea de que la gente no sabe comprometerse. Así que ama aunque no sea para siempre porque nunca sabes si él también es uno de los que aún no ha perdido la esperanza. Conoce gente nueva. Preguntate cosas sin sentido. Escribe. Lee. Canta. Vive

Feliz Navidad. 

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